
Suerte para la sobrinada que esta semana tiene que pasar por la aulas, que a todos os salga muy bien y nos vemos el sabado.
Llegar allí supuso salvar una odisea de tráfico, calles en obras y carril bus… una llamada de atención de policía de tráfico, un siglo de callejeo inútil y primeros síntomas de encrispamiento vial. Pero valió la pena.
Si valió la pena llegar a la Unidade de Atención e Servizos ó Cidadán: Área Funcional de Sanidad y Centro de Vacunación Internacional que decía, fue porque allí es donde retienen a Manuela, donde no la conservan en formol pero la siguen utilizando para que tenga sentido pagar a los funcionarios, por esos pocos que trabajan por todos los que no lo hacen… Manuela fue nuestro aliento alentador, nuestro azar esperanzador, nuestro amuleto, nuestro encuentro especial al que rendir tributo (verás cuando le mandemos una caja de bombones de la Marineda, de esos bombones con cerezas que los confiteros mismos ponen a macerar por unos años… verás cómo se acordará otra vez de “los de Zamora”).
Manuela no tenía aún un nombre para nosotros cuando la vimos por primera vez. Era “señora que habla por teléfono al otro lado del mostrador”. No sabíamos quién iba a atendernos, por un momento no supimos si alguien lo haría. Antes de desesperarnos, Manuela hizo algún gesto para que supiéramos que sabía que estábamos ahí, que imaginaba que no éramos fantasmas y que sospechaba que nos gustaría que alguien nos dijese “hola” y nos diese pie a hablar.
No tardó en darnos la oportunidad…. Creo que empezamos el acoso solicitando información para obtener la TSE (sí, esta protagoniza otro capítulo, ya lo sé, pero tal es su enormidad, que también aparece en este) y desde allí llegamos al estratégico punto en que alegamos que Marta no tiene asistencia sanitaria.
Manuela fue expresiva, no ocultó su disconformidad con este hecho a la vez que manifestaba (¡y todo en silencio!) que se podía dar el caso (¿estaría también su rostro diciendo que sabía cómo solucinarlo? ¡pues sí! ¡Asombrosamente sí!).
Y además de expresiva, fue rápida y eficiente… dado nuestro historial de atropellos, largo de contar y, a veces, hasta un poco complicado, cabría esperar un buen rato de preguntas y respuestas para que Manuela comprendiese la situación: de dónde venimos, dónde estamos, a dónde queremos ir, qué tenemos, qué queremos, qué nos falta , qué nos piden, qué nos interesa…
Pues no… Manuela comprendió rápidamente y trató nuestro problemilla por partes, y claro, en cada parte iba surgiendo nueva información que, contrariamente a la experiencia previa habitual, en lugar de cerrar puertas con pestillo, iba abriendo gateras que terminaban por hacerse portalones de libre paso.
Efectivamente, yo estaba en el limbo, pero esto tenía varias soluciones posibles:
En primer lugar y para evitar más tiempo sin atención sanitaria, mintió bellacamente a los ordenadores y a mí me hizo saber nuestro plan: si alguien preguntaba yo tendría que decir que había perdido la tarjeta, nada más; y por extensión entiendo que si se ponen tontos, yo sea aún más tonta, porque la petición de la tarjeta sí estaba en trámites y en cualquier centro podían verlo. De esta manera, obtengo atención sanitaria en Galicia y solamente en Galicia. Manuela echó cuentas con los dedos y afirmó que la tarjeta debía llegar al domicilio acordado (el de mi madre) el Jueves siguiente… ¡clavado! El Jueves siguiente mi madre me llamó para decirme que había recibido algo de la Seguridad Social Et voila! La tarjeta!
En esta situación, sigo sin poder adquirir la TSE, porque España sigue sin darme atención, lo está haciendo Galicia.
Una posibilidad para menear a España y que me diese la increíblemente ausente asistencia, era solicitar la tarjeta para gente sin recursos, y para esto estaba yo en el sitio adecuado, no hacía falta engañar a nadie… o sí… Me dio el formulario correspondiente y las instrucciones a seguir, las cuales fueron inmediatamente corregidas por ella, tan eficiente resultaba ser, tuvo en cuenta nuestra intención de irnos en Septiembre, así que no, entregar el papeliño en mi centro de salud no era la mejor opción, me dijo que se lo llevase a ella para así acelerar el proceso y conseguir rápidamente la tarjetita.
Si con esto no me hacía con la tarjeta, también podía hacerme beneficiaria de Manu, como Claudia con Carlos, y para ello necesitaríamos ser pareja de hecho, cosa muy sencilla, solamente necesitábamos un certificado de empadronamiento de Zamora donde constase que llevamos 1 año juntos… si Conchita fuese más enrollada, pero como no lo es y se ciñe a las normas (no podemos echarle esto en cara, claro), necesitamos estar empadronados en Coruña para que pueda ser Coruña quien haga el cambio pertinente (esto me lo tienen que explicar otra vez, que no veo claro porqué no puede el Estado meterme en la cartilla de Manu estemos donde estemos en el momento de solicitarlo… aunque si tampoco puede el Estado darme asistencia sanitaria, ya no sé qué esperar de nada).
¿Por qué tanta peste de Conchita si comprendemos que no tiene ninguna obligación respecto a echarnos un cable? Por el modus. El cómo o el qué, ¿quién nos importa más? Mientras vemos a Manuela desvivirse por resolver “lo nuestro”, al tiempo que atiende a sus compañeras (parecía la más veterana), oímos la mitad de la conversación que tuvo con Conchita (la mitad es la parte en la que habla Manuela, claro).
Ya empieza de manera extraña: Manuela intentando hablar y la otra insistiendo en que no la llamase para no sé qué… le llevó un buen rato hacerle entender que no llamaba por el motivo que la otra pensaba. Y la conversación continúa con negativa tras negativa pese a los esfuerzos de Manuela, que iba mentirijilla tras mentirijilla dedicándonos una sonrisa de complicidad o un guiño. Iba poniendo excusas y sugiriendo vías alternativas para que pudiésemos solicitar el cambio (meterme a mí en la de Manu) sin necesidad de empadronarnos en Coruña… y fue absolutamente imposible.
Nada más que hacer por ahora... retomaremos, entonces, las visitas a los campus...
La Odisea. Parte III
– 1 Aquí no es
El éxito es aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperarse, W. Churchil
Cada vez más lejos de la semana infernal, se hace difícil recordar los detalles, y todos los paseos que supusieron llegar a una meta, parecen ahora virutas de vallas de madera podridas que uno saltaba de niño para ir donde el vecino.
“Aquí no es”, la breve y descorazonadora frase de aquel día, nos acompañó desde el SAPE hasta… a saber… un edificio de la banda de los edificios administrativos, en el que figuraban nombres como “cultura, seguridad social, o atención”.
El SAPE, o Servizo de Asesoramento e Promoción do Estudante (creo que la traducción es intuitiva), se encuentra en la llamada “Casa del Francés”, allá en lo alto de A Zapateira, monte que da nombre a uno de los campus universitarios de A Coruña, desde donde tenemos, por cierto, algunas buenas vistas de la ciudad.
Fuimos allí a preguntar respecto a la acreditación de títulos españoles en el extranjero, tal vez por trabajo en el extranjero, si acaso también formación, o prácticas en empresas… cualquier cosa podía ser útil.
El SAPE (y voy a insistir en que se encuentra en el Campus de A Zapateira) respondió con interés y amablemente, pero no por ello fue más que un “aquí no es”, al menos no fue un “aquí no es” vacío, ya que venía acompañado de algunas sugerencias que podían conducirnos a las respuestas que demandábamos. Fue allí donde nos hablaron de los chicos de Riazor, que eran los que antes estaban en el SAPE (Zapateira), y que ahora los habían mandado a la vieja escuela de empresariales, escuela que ahora está en el campus de Elviña, mientras que el edificio donde siempre había estado, en el campus de Riazor, es ahora la “universidade senior” (para mayores de 50, creo) y algunos otros servicios, como el que nos interesaba, pese a que nos llevo toda esta odisea llegar allí y por tanto contactar con “los chicos de Riazor”, que antes eran los del SAPE.
En segundo lugar fuimos al campus de Elviña, al… hmmm…. no sé qué de relaciones internacionales, bastante prometedor, aunque solo nominalmente, ya que de hecho nos recibió una mujer bastante sosa y que, con toda despreocupación, señaló que no podía ayudarnos, que allí solo trataban con Erasmus (pobres Erasmus, que no tengan dudas acerca de cómo llegar a otro país, de dónde alojarse, de si hay o no trabajo para estudiantes, de si… ); esta mujer no nos dedicó más de medio minuto, tan prontamente nos envió al edificio de enfrente, el L.E.R.D.
Los LERDs son los “Lugares de Entrega e Recollida de Documentación”, cosa que no parece muy adecuada para asesorarnos en cuanto a un viajecito al extranjero, pero bueno, si los de Relaciones Internacionales (que tienen nombre de cosa que sabe algo de extranjero) dicen que vayamos a documentarnos, nosotros vamos. Solo teníamos que cruzar la caaaaalle (que calle es poco).
La mujer del LERD estaba harta de recibir estudiantes rebotados del resto de edificios universitarios administrativos (o no). Así que, nos otorgó su “aquí no es”, bastante más alentador que el de Relaciones Internacionales, e incluso se dignó a usar su experiencia personal para aconsejarnos. Nos comentó sobre un “algo que ya no nos acordamos, de inspección de educación o algo así, que podía estar relacionado con esto del extranjero” y que se encontraba en “Durán Loriga” (al fin! no es un campus! Salimos de las redes de la universidad!). Además nos sugirió descartar Fórum Metropolitano como sitio informador.
En Durán Loriga estaba hace dos mil años el “no sé qué de xuventude”, donde te hacías el carné joven y donde, efectivamente, podían asesorarte para irte a trabajar o a estudiar al extranjero, pero eso cambió mucho desde que yo era joven y allí no había más que… Banco de España (eso no ha cambiado), Bar Miño (buenas tapas, sí), Emeroteca y otros (estos son difíciles de mudar)… y ningún “algo que ya no nos acordamos, de inspección y educación que podía estar relacionado con esto del extranjero”, pero sí un otro al que hice referencia anteriormente, en el que figuraban nombres como “cultura, seguridad social, o atención”.
Llegar allí supuso salvar una odisea de tráfico, calles en obras y carril bus… una llamada de atención de policía de tráfico, un siglo de callejeo inútil y primeros síntomas de encrispamiento vial. Pero valió la pena.
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– 2 Manuela
(continúa)
STEP BY STEP 2CAISS de tu ciudad: antes de hacer nada, asegúrate de cuál es tu situación ante la Seguridad Social española. Entonces, si tienes acceso, solicitas la TSE, y si no te dejan, pregunta por el certificado provisional sustitutorio (y ten en cuenta que te hará falta tu certificado digital para solicitarlo).