8.21.2009

Nos vamos!! Capítulo 03.2

La Odisea parte III.
– 2 Manuela

La sabiduría consiste en saber cuál es el siguiente paso; la virtud, en llevarlo a cabo.

Llegar allí supuso salvar una odisea de tráfico, calles en obras y carril bus… una llamada de atención de policía de tráfico, un siglo de callejeo inútil y primeros síntomas de encrispamiento vial. Pero valió la pena.

Si valió la pena llegar a la Unidade de Atención e Servizos ó Cidadán: Área Funcional de Sanidad y Centro de Vacunación Internacional que decía, fue porque allí es donde retienen a Manuela, donde no la conservan en formol pero la siguen utilizando para que tenga sentido pagar a los funcionarios, por esos pocos que trabajan por todos los que no lo hacen… Manuela fue nuestro aliento alentador, nuestro azar esperanzador, nuestro amuleto, nuestro encuentro especial al que rendir tributo (verás cuando le mandemos una caja de bombones de la Marineda, de esos bombones con cerezas que los confiteros mismos ponen a macerar por unos años… verás cómo se acordará otra vez de “los de Zamora”).

Manuela no tenía aún un nombre para nosotros cuando la vimos por primera vez. Era “señora que habla por teléfono al otro lado del mostrador”. No sabíamos quién iba a atendernos, por un momento no supimos si alguien lo haría. Antes de desesperarnos, Manuela hizo algún gesto para que supiéramos que sabía que estábamos ahí, que imaginaba que no éramos fantasmas y que sospechaba que nos gustaría que alguien nos dijese “hola” y nos diese pie a hablar.

No tardó en darnos la oportunidad…. Creo que empezamos el acoso solicitando información para obtener la TSE (sí, esta protagoniza otro capítulo, ya lo sé, pero tal es su enormidad, que también aparece en este) y desde allí llegamos al estratégico punto en que alegamos que Marta no tiene asistencia sanitaria.

Manuela fue expresiva, no ocultó su disconformidad con este hecho a la vez que manifestaba (¡y todo en silencio!) que se podía dar el caso (¿estaría también su rostro diciendo que sabía cómo solucinarlo? ¡pues sí! ¡Asombrosamente sí!).

Y además de expresiva, fue rápida y eficiente… dado nuestro historial de atropellos, largo de contar y, a veces, hasta un poco complicado, cabría esperar un buen rato de preguntas y respuestas para que Manuela comprendiese la situación: de dónde venimos, dónde estamos, a dónde queremos ir, qué tenemos, qué queremos, qué nos falta , qué nos piden, qué nos interesa…

Pues no… Manuela comprendió rápidamente y trató nuestro problemilla por partes, y claro, en cada parte iba surgiendo nueva información que, contrariamente a la experiencia previa habitual, en lugar de cerrar puertas con pestillo, iba abriendo gateras que terminaban por hacerse portalones de libre paso.

Efectivamente, yo estaba en el limbo, pero esto tenía varias soluciones posibles:

En primer lugar y para evitar más tiempo sin atención sanitaria, mintió bellacamente a los ordenadores y a mí me hizo saber nuestro plan: si alguien preguntaba yo tendría que decir que había perdido la tarjeta, nada más; y por extensión entiendo que si se ponen tontos, yo sea aún más tonta, porque la petición de la tarjeta sí estaba en trámites y en cualquier centro podían verlo. De esta manera, obtengo atención sanitaria en Galicia y solamente en Galicia. Manuela echó cuentas con los dedos y afirmó que la tarjeta debía llegar al domicilio acordado (el de mi madre) el Jueves siguiente… ¡clavado! El Jueves siguiente mi madre me llamó para decirme que había recibido algo de la Seguridad Social Et voila! La tarjeta!

En esta situación, sigo sin poder adquirir la TSE, porque España sigue sin darme atención, lo está haciendo Galicia.

Una posibilidad para menear a España y que me diese la increíblemente ausente asistencia, era solicitar la tarjeta para gente sin recursos, y para esto estaba yo en el sitio adecuado, no hacía falta engañar a nadie… o sí… Me dio el formulario correspondiente y las instrucciones a seguir, las cuales fueron inmediatamente corregidas por ella, tan eficiente resultaba ser, tuvo en cuenta nuestra intención de irnos en Septiembre, así que no, entregar el papeliño en mi centro de salud no era la mejor opción, me dijo que se lo llevase a ella para así acelerar el proceso y conseguir rápidamente la tarjetita.

Si con esto no me hacía con la tarjeta, también podía hacerme beneficiaria de Manu, como Claudia con Carlos, y para ello necesitaríamos ser pareja de hecho, cosa muy sencilla, solamente necesitábamos un certificado de empadronamiento de Zamora donde constase que llevamos 1 año juntos… si Conchita fuese más enrollada, pero como no lo es y se ciñe a las normas (no podemos echarle esto en cara, claro), necesitamos estar empadronados en Coruña para que pueda ser Coruña quien haga el cambio pertinente (esto me lo tienen que explicar otra vez, que no veo claro porqué no puede el Estado meterme en la cartilla de Manu estemos donde estemos en el momento de solicitarlo… aunque si tampoco puede el Estado darme asistencia sanitaria, ya no sé qué esperar de nada).

¿Por qué tanta peste de Conchita si comprendemos que no tiene ninguna obligación respecto a echarnos un cable? Por el modus. El cómo o el qué, ¿quién nos importa más? Mientras vemos a Manuela desvivirse por resolver “lo nuestro”, al tiempo que atiende a sus compañeras (parecía la más veterana), oímos la mitad de la conversación que tuvo con Conchita (la mitad es la parte en la que habla Manuela, claro).

Ya empieza de manera extraña: Manuela intentando hablar y la otra insistiendo en que no la llamase para no sé qué… le llevó un buen rato hacerle entender que no llamaba por el motivo que la otra pensaba. Y la conversación continúa con negativa tras negativa pese a los esfuerzos de Manuela, que iba mentirijilla tras mentirijilla dedicándonos una sonrisa de complicidad o un guiño. Iba poniendo excusas y sugiriendo vías alternativas para que pudiésemos solicitar el cambio (meterme a mí en la de Manu) sin necesidad de empadronarnos en Coruña… y fue absolutamente imposible.

Nada más que hacer por ahora... retomaremos, entonces, las visitas a los campus...

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